Atalaya de la Calma y Faro del Mediterráneo. Soy la silueta de la Catedral de Mallorca, la "Seu" que se mira en el mar proyectando un rosetón de luz infinita, y el asombro de mis poblados talayóticos donde las piedras guardan el secreto de los gigantes de Menorca. Soy el blanco puro de mi Ibiza amurallada, Dalt Vila, y la transparencia sagrada de las aguas de Formentera que parecen robadas al cielo. Soy el aroma de mis almendros en flor en el llano y la fuerza de la Tramontana que esculpe los pinos en mis acantilados de leyenda.
Hoy te hablo desde la mística del Santuari de Lluc y la paz de mi Albufera de Es Grau, porque bajo mi manto de sol y salitre late un corazón que ha sabido ser refugio de artistas y vanguardia de mundos. No me mires solo como una postal de verano o un mapa de calas de cristal; mírame como la raíz de un pueblo que domó la roca para hacer bancales y que hoy reclama que tú también te levantes para defender su equilibrio, su fragilidad y su futuro.
Desde la nobleza de la Ciutadella de Menorca hasta el rincón más salvaje de la Isla de Cabrera, desde los castillos de Bellver y Capdepera hasta la soledad habitada de mis fincas de interior, ya hay quienes han decidido que el olvido no es una opción. No caminamos sol@s; llevamos con nosotr@s la memoria de honderos, cartógrafos y payeses, de aquellos que con manos curtidas por el viento de levante y el sol de la siega levantaron marjades de piedra seca y cuidaron cada olivo milenario cuando la vida era un desafío constante en medio del mar. Ellos son ahora el murmullo de mis cuevas y el aliento que agita mis velas.
Fui reino soberano en medio del mar y llave del comercio antiguo, y si me cuidas, yo seguiré siendo tu refugio de calma y luz. ¿Estás list@ para dejar de ser habitante y convertirte en el caballero que las Baleares necesitan?